El mura no

El muro (o mura) de la foto es también la pared de afuera del patio de mi escuela, que queda a tres cuadras de mi casa. El patio de quinto y sexto, donde están los grandes. Ahí había cuatro grafitis: un señor de traje con cabeza de ubre y un tercer ojo en el estómago está parado meditando; un niño con cabeza de ubre que tiene dos dedos de un señor, seguramente el del tercer ojo, en la sien; una niña con un perro muerto con la leyenda “cómo hago para que sea eterno” y un último grafiti que es una mierda intrascendente.

Esto ya no está así, los borraron. En vez de eso ahora hay un redondel gigante con un número adentro, todo en blanco y negro. Todos los años pasados por ahí, las piñas en la pera, el wanderers vive y lucha, todo se fue a la mierda porque un insensible puso su redondel con su número. Sentí que me tocaban los recuerdos asociados a esa esquina, que me sacaron el desafío de entender qué resortes tiraban de esa lógica en toda esa falta de respeto en plena curva cerrada.

Si entre los que leen esto está el que le hizo daño a mi muro preferido, quiero que sepa que lo voy a encontrar y vas a aparecer con la boca llena de hormigas tirado en una cuneta, pedazo de una mierda.

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Perifoneo

Funciona a base de repetición, hay que ir bien despacio para que todo el mundo termine de escuchar el aviso dos o tres veces, como mucho tendrá unos treinta segundos. Después una canción ruidosa, algún melisma que rompa la siesta, algo bien terraja. La falta de siesta. Luego el aviso otra vez. Lo primero que se siente es bronca, después se presta atención a ver quién fue el hijo de puta que llevó el asunto adelante y al final hay como un gusto a diez años atrás -lindo gusto- que evita que uno atraviese el zaguán a los gritos revoleando la mano por encima de la cabeza y haciendo amenazas de esas que nunca parecen concretarse, las que el vecino desaprueba.

Hay otros que caminan y seguro deben tener piezas de la garganta para adentro. Máquinas que abren la boca y la cierran con mensajes cortitos, después tararean alguna melodía con los ojos vacíos, moviendo el pie como si uno fuera a tener algún tipo de empatía con esa actitud insulsa, esos comentarios obtusos. Y la abren y la cierran. Hasta parece que hablaran más lento, repiten las palabras que no eligieron haciendo los mismos gestos con las manos como la primera vez que uno interrumpió su falta de siesta esperanzado y no, no funcionó, siempre es hombre y radio y parlante en la cabeza y farmacia. Y ahí no hay gusto a nada, es un rechazo anacrónico, permanente. No hay una cara para eso, no hay protocolo. O no debería haber protocolo. Esas caras que la gente que piensa en la boca pone frente a cualquier situación no sirven, entonces no pongo ninguna cara y dejo que pasen con sus avisos de farmacia, con sus charlas de yo me bajo en la próxima.

 

Menelao, Carlos Goberna y su Sonora Borinquen

Todo el mundo sabe que “Elena Elena”, un clásico bailable de Carlos Goberna y su Sonora Borinquen, habla sobre los hechos relatados en La Ilíada. Quiero hacer una serie de consideraciones al respecto, porque creo que la clave de una parte importante del programa de la asignatura Literatura en bachillerato está perdiendo un estupendo recurso para que los estudiantes comprendan esta obra fundamental.  

Primero quiero descartar algunos argumentos tontos, el primero de ellos es que “Elena Elena” no tiene hache y el personaje homérico sí. Los escépticos, particularmente profesoras viejas de literatura, dicen que le falta una hache. De ninguna forma vamos a ceder ante este acto de corporativismo, movido por gente que no quiere reformar los planes de estudio. Lo cierto es que Helena se escribía Ἑλένη y significa “antorcha”. Eso que aparece al principio no sabemos qué es, pero tiene más pinta de “e” que de “h” así que se terminó el asunto.

El segundo es que Elena dice irse al pueblo de Manatí, de la misma forma hace referencia al hijo de Fermín, con quien hubiera tenido una vida mucho más digna. Veamos los documentos mencionados:

1. Elena Elena, Elena Elena, Elena me dijo a mi yo me voy papito santo pal pueblo de Manatí

2. Elena un dia me dijo que si se hubiese casado con el hijo de Fermin “el no me haria las cosas que tu me haces a mí”.

Con respecto a ambos puntos, vamos a acotar que la vocación pedagógica de Carlos Goberna hizo que los nombres se cambiaran. Cualquier persona que haya leído La Ilíada sabe que la letra refiere a Troya cuando habla de Manatí, que Fermín es Príamo y su hijo es Paris. A esta altura el lector debe haber entendido ya que “Elena Elena” no es otra cosa que una representación del lamento de Menelao al ver que Helena de Troya ha partido.

Si todavía no se ha convencido, vea la referencia a los carros. “Yo le compré un carro nuevo” no hace otra cosa que recordar la importancia que estos artefactos tienen en el correr de la obra, siendo las carreras de carros una de las pruebas principales en toda la obra Homérica, pero sobre todo moneda de cambio entre las tropas, que valoraban los carros de guerra en gran forma. 

Después de meses estudiando la obra y analizando entre líneas la canción, fui a por Carlos Goberna para hacerle una entrevista que confirmara esta idea. La transcribo a continuación:

Carlos, descubrí la sutil analogía entre “Elena Elena” y la obra homérica, no sé cómo escapó a nuestros ojos el lamento de Menelao en la letra, así como las razones de Helena para partir a Troya.

—Mirá, no sé de qué me estás hablando.

Es imponente la humildad del artista, el temple con que rechaza el éxito y entrega semejante idea de forma disimulada, desprendiéndose de la gloria en la pose críptica propia del genio.

Desde aquí no queda más que elevar una solicitud formal al Ministerio de Educación y Cultura para que, a la luz de estos motivos, reforme el plan de estudios de Literatura e incluya esta herramienta fundamental para comprender esta obra que reviste principalía dentro de la tragedia griega. Invitamos, además, a que usted escuche la obra de Carlos Goberna y su Sonora Borinquen con la óptica que desde aquí brindamos, humildemente.

Dole

Andá y hacé que te duela solo, lejos.

Andá que el dolor da asco.

Andá y que te duela solo, que doler en los demás da vergüenza, andá.

(Source: grab-themoon, via semen-up)

Cuelga

Adentro tiene un espejo que de un lado muestra una imagen distorsionada en un violeta de lo más extraño y del otro lo mismo que cualquier baño o ascensor. Arriba de eso una pantalla transparente y dura, que para entonces ya tenía algunas rayas de llaves en el bolsillo, y abajo una placa de plástico negra.

Todo eso cuelga. La gata, frente a semejante premeditación, se retiró de la escena con un gesto de decepción. Acostumbrada a sentirse atraída por sutilezas, abandonó la comodidad ni bien empezó la nueva forma de hacer ideas. Las ideas ahora se hacen con objetos finos, rápido y sin mirar. Objetos finos con punta.

El primer golpe fue en el piso e hizo que la imagen se partiera. Por un momento tuve la impresión de que eran fractales. Se quiebra raro, hay algo de bello en cómo se quiebra. Así, como emitiendo una queja, el objeto que fue receptor de toda la furia que podía dar, se prendió en una muestra de rebeldía. Si hasta tengo miedo de prenderlo ahora, que podría ser muchas partes de otras cosas si no estuviera unido por esos tejidos de plata o cobre o quién sabe qué.

Terminada la batalla, descansa arriba de una mesa de luz y yo al lado. Me encargué de hacer todo lo que se me antojara con lo que quedó del cuerpo, que no va a volver a vibrar.

Mientras, me pueden llamar al teléfono de línea. 

Enojos

Café pendiente.

Te venden tu café y un perdón por tu cuota de responsabilidad social. Vas a casa a dormir tranquilo. 

Más barato que la venta de indulgencias, más sencillo que buscar soluciones. 

Gana el del café, ganás vos en justificaciones sencillas, y el pobre va a seguir siendo pobre, pero capaz que lo mostramos tomando café. 

Dos de azúcar.