Scar, las hienas y la revolución socialista.

Las grandes presentaciones están de más para análisis como el que nos convoca. Somos responsables de dar una versión que escape de las estructuras de emisión reinantes en estos días. Lo que queremos decir, sin más vueltas, es que cuando las hienas se la dieron a Mufasa estuvieron bien.

El relato oficial comienza con una exuberante fiesta en que la monarquía celebra la llegada del príncipe Simba. Con la participación del clero, representado por el mono Rafiki, la aristocracia se reúne sobre la roca más alta del reino y obliga a arrodillarse al pueblo frente al cachorro recién llegado.

—Todo lo que toca la luz es nuestro reino.

—¿Y todo esto será mío?

—Todo.

Esta conversación entre el monarca y su hijo, tal cual aparece en los documentos, demuestra el carácter despótico del tirano Mufasa, que se jacta con el malcriado del hijo de la acumulación enorme de poder que han logrado mediante años de imponer la fuerza bruta sobre el resto de la sociedad.

A todo esto, el pendejo malcriado descubre que al Norte del reino se encuentra el llamado “Cementerio de Elefantes”, que no es otra cosa que una serie de asentamientos irregulares donde moran las hienas, postergadas por un régimen que apunta a mantener los privilegios de las clases pudientes.

Cabe destacar que las hienas viven en un sitio privado de recursos, donde únicamente subsisten en base al abigeato, práctica que les ha merecido el desprecio a los ojos de la sabana. Sasú, un pájaro que oficia de mano derecha de Mufasa, seguramente rector de la burocracia en el reino, no tiene problemas de referirse a las hienas como “Animalejos roñosos y torpes”, según pudimos ver en el material audiovisual consultado.

Todas estas condiciones subjetivas no pasaron por alto para Scar, hermano del tirano Mufasa y conocido teórico de la izquierda internacional. No es justo negar su compromiso con la revolución por el solo hecho del noble origen del moreno león, no olvidemos la cuna de valiosos revolucionarios como Piotr Kropotkin.

Luego de una irrupción de Mufasa al territorio de las hienas, Scar acude a una reunión con tres representantes de la sociedad organizada y se produce este diálogo textual entre las hienas y Scar:

—¿Quién necesita Rey? Nadie.

—Apóyenme y nunca más sufrirán hambre.

Así queda conformada la alianza estratégica entre el proletariado y este teórico de la izquierda internacional que planea y ejecuta con firmeza un atentado contra la vida del monarca. Los medios oficiales maximizaron los mecanismos por los cuales fue llevado adelante el plan, pero ninguna monarquía cayó sin acciones firmes.

Scar llega al poder y plantea un modelo inclusivo en que las hienas podrán apoderarse de los espacios que les corresponden. Años de hambre y malas condiciones han dejado en ellas secuelas visibles, tal como se puede ver en el material audiovisual consultado. Además el mono Rafiki es echado del reino, en una clara señal de avanzar en un proceso de secularización, y Sasú es encarcelado porque todo el mundo sabe que la burocracia debe ser duramente atacada ni bien comienza un proceso revolucionario.

Los rasgos del reino cambian, se vive en la austeridad, incluso podemos ver a Scar, líder de la revolución, en escenas que muestran su hogar carente del confort propio de la monarquía dejada atrás. La aristocracia, encabezada por las leonas, no se siente a gusto sin los placeres barrocos del difunto Mufasa y empieza a generar problemas. Incluso envían una puta de la cohorte a buscar a Simba, el príncipe, que a esta altura ya es un cuadro de masas de la derecha, exiliado, viviendo la vida lujosa y despreocupada propia de la clase pudiente en el exterior.

El regreso de Simba es brutal. Con la ayuda del Rafiki, líder del clero, organiza la aristocracia y devuelve la monarquía al poder. Se produce una lucha desigual donde las hienas pierden el sentido estratégico y atacan a su propio líder revolucionario Scar producto de la fuerte presión mediática realizada con los vastos recursos de la contrarrevolución.

Al final, se restaura Rafiki en el clero, Sasú y la burocracia vuelven a su posición de privilegio, la familia de Mufasa se adueña nuevamente del poder, el pueblo vuelve a arrodillarse ante un nuevo príncipe y la pomposidad del pasado régimen brilla bajo el control social establecido por medio de la fuerza bruta. De las hienas no hay referencias en el material consultado, pero sabemos que en su fracaso volvieron al lugar que tuvieron antes de este valeroso esfuerzo.

Desde aquí enviamos nuestro respeto al profundo cambio que propusieron Scar y las hienas, porque seguiremos luchando por un mundo sin explotados ni explotadores.

De arafue

Siempre sentí mucha envidia por las personas que saben cómo hacer para suspender su entendimiento momentáneamente ante una situación para disfrutar de ella. El problema de no poder hacerlo es comprender cómo funciona un evento antes de sentir lo que sea que uno debería sentir. Y seguiría con esta explicación, pero de pronto resulta que me estoy justificando.

Tengo que escribir más rápido.

Esperando a Godoy

Rápido antes que pase otra vez. Primero fue la rambla, la cara de ella a los pies de una escalera, yo sentado en el primer escalón. Arriba hay un espectáculo artístico con toda la efervescencia irracional que me pone tan incómodo. Empieza a subir el agua, me moja los pies y los de ella que se ríe porque cuando termine de subir inundará a todos los que saltan y gritan.

Salto, ahora estoy caminando por la vereda que bordea un liceo precioso. A mi lado viene una adscripta que me explica que voy a ir preso por matarla. Treinta años. En la mano lleva una caja de zapatos de color bordó con un cierre metálico grueso, la adscripta me explica que una vez en la celda debería dormir ahí dentro como parte del castigo. Parece una buena almohada y me alegra la futura ruptura a mi sentencia previa, aparentemente justa vista mi falta de respuesta. Llegamos a la puerta y me doy cuenta que no es un liceo sino una escuela. Lo primero que veo es que por el vidrio corren gotas y que hay una fila de sentenciados que me miran. Ellos tienen penas menores, están esperando para ir a la dirección y no mucho más. Salvo Sebastián, a quien desconozco más allá de su nombre, que ya está en una celda muy parecida a lo que era el aula de mis primeros años de educación formal. Sebastián se cuelga, la cabeza rueda después de quebrarse y va a parar debajo del escalón que estoy utilizando para entrar. Se rompe la continuidad, juego un rato en el patio y la historia queda inconclusa.

Llegó Godoy y empezó a picar la pared del cuarto de al lado, que es el mío pero no ejerzo. Dice que las veredas deberían ser tan anchas que los autos no puedan pasar, se ríe, mira un árbol y vuelve a picar la pared. Para cuando vuelve mi comprensión habitual de las cosas, ya había robado una hoja del laurel del patio y entendiendo mi vista perdida me explica que son para cocinar. Porque hace frío. Y llueve.

Cosas a mejorar.

Sistema Londres, también le dicen Pereyra. No sé por qué. Este tipo está nervioso, le tiembla la lapicera un poco ¿Cómovoyahacerparadejardepensarestamujer?deberíasersencillounavezocupadoelpensamientoenalgodesafiante. Por lo general, debería atacar el flanco de dama si el alfil de mi oponente, que corre por casillas blancas, queda por fuera de la estructura de peones Lamonogamianotienesentido,seimponetanrápidoqueparecieranormal,unoterminamaltrechoycausadoloralotrotanquerido. Bueno, ese peón cae en la próxima jugada, esto que me propone en el centro es un intento de contragolpe que no va a dar frutos si estoy atento Alfinallasoluciónpareceseruncomportamientoautodestructivoexpresadoenlapromiscuidad;noseveotrasoluciónquerenunciaratodoconstantemente. Si pongo más presión ponga de acá en más, va a cometer algún error más. No necesito mucho más que un error. Ahí está, una jugada desesperada; ahora es el momento Desesperada,porquenuestroamoresunaesmeraldaqueunladrónrobo¡sí!¡sí!des-espe-ra-da.Quétemazo.

1-0

artefactosdesperfectos:

Él vive tal maraña de mentiras que es incapaz -siquiera- de escribir sin falsear su sentimiento.
Es cierto que su prosa alucinógena le ha ayudado con sus abundantes (pero débiles, efímeras, vacías, mierdosas) conquistas amorosas.
Él busca escribir con pasión o mesura, con frialdad o emoción, con humor o ironía.

Lo que no sabe es que si busca en el cajón de los porta ligas, quizá encuentre una birome.

¿Me dejás que yo te dejo?

Esquivando rápidamente una serie de chistes soeces que se desprenden del título, me pongo a explicar en qué consiste el mecanismo al que hace referencia.

Cualquier persona que haya pasado por la educación primaria como corresponde conoce los complejos resortes que hacen funcionar las filas. Las filas para ingresar a un salón, para entrar en el ómnibus escolar cuando hay paseo, las prolijas que corresponden a los actos, las que se arman en gimnasia y demás. Creo que es sano, para nuestro propósito, diferenciar estas filas en dos tipos: unas que tienen su orden establecido por la autoridad (por orden de altura, generalmente) y otras que se autogestionan. Dentro de las segundas, que son las que nos interesan, están las que se estructuran por la normativa (como para ingresar a “Canto”) y aquellas que son necesarias debido al entusiasmo que genera la actividad a realizar en cada eslabón. Nuevamente nos quedaremos con el último caso expuesto, por lo tanto hablamos de filas que se organizan de forma espontánea debido a que todos queremos hacer lo que va a suceder y no podemos hacerlo a la misma vez.

Aquí el que primero llega es el privilegiado que inaugurará la excelente acción a realizar. Todos queremos ser él o ella y cuanto más podamos acercarnos a su posición, mejor. Lo recomendable para hacer esto es estar atento y correr rápido, o una de las dos. Una vez formada la fila, debemos contentarnos con el puesto que nos tocó y esperar pacientemente.

Es acá donde entra la inventiva infantil en la que intentamos echar luz sin miedo a las inevitables represalias que nos esperan: hay niños que saben cómo mejorar su posición en la fila ya formada con un artilugio que raya con la inmoralidad. La estratagema consta de encontrar alguien de nuestra extrema confianza, amigos o muchachas que sabemos que gustan de nosotros, y pedirles amablemente que nos dejen ubicarnos delante de ellos. Como los niños son amistosos y enamoradizos pero no estúpidos, esto no solía funcionar. Entonces, la genialidad: el pedido viene acompañado de un contrato intangible que indica que apenas ocupemos el lugar privilegiado del compañero le dejaremos nuestro nuevo lugar, quedando detrás de él y perjudicando indefectiblemente a todos los que están detrás. El contrato se pone sobre la mesa pronunciando “¿me dejás que yo te dejo?” y, de ser aceptado, se procede a hacer realidad el enroque, que es llevado acabo meticulosamente, con ambos cambios de posición, para demostrar que uno no está haciendo trampa sino que lo que se da está amparado bajo la estricta normativa social que rige el comportamiento en las filas de la escuela.

Quien escribe esto aceptó muchos de esos contratos y propuso muchos otros; casi siempre llegaron a buen puerto. Además sospecho que nuestra vida como adultos está llena de este tipo de trampas que pasan desapercibidas ante nuestros ojos, como lo hacía el mecanismo demostrado para los que quedaron atrás del todo, esperando que les llegue el momento.

Sobre volver a hacer cosas

Entonces pasó porque se dio vuelta. Porque la encontré en un cajón que estaba muy alto y omití lo extraño del evento, pensé que había sido un olvido y que todo podía ser como antes. Hace tres días que todo es como antes. Encontré en mi cama algo que tenía el aspecto de la cáscara de pan la de antes y alrededor tirabuzones blancos que se movían al acercarme a mirar. Livianos, entonces. Venían de adentro de la almohada que volvía a deshacerse por la punta colocada para que coincida con la terminación cerrada de la funda, una imagen familiar cuyo olvido hizo recurrir en un error molesto. Con un entusiasmo impropio de alguien en mi situación y una sonrisa algo tonta, junté cáscaras de pan y tirabuzones, la hice girar para que se deshaga bajo la contención de la funda una postergación y volví a descansar sobre la única almohada que me gusta.