La otra velocidad

Se andan buscando. Todo el esfuerzo en la creación de un discurso que logre atraer a alguien de la forma más estandarizada posible. Un discurso que encuentre con quién dejar de sentir soledad. Una soledad que también es un discurso, un nuevo discurso que cae en la paradoja de no querer algo estandarizado.

Sísifo llega hasta arriba, a Sísifo se le cae la piedra, Sísifo baja a buscarla pensando que es un imbécil. Una vez me dijeron que si uno tiene la certeza de que todo esfuerzo por combatir la soledad está destinado a fracasar, es probable que el hedonismo cubra todo. El hedonismo como discurso sutil, tomando todo, nublando todo, dejando nada.

El desafío: encontrar el vértigo en la búsqueda de la tranquilidad. La propuesta: lograrlo mediante la otra velocidad. La renuncia a los atajos, que nos proponen desde la gerencia del placer, tiene que ser un orgullo. Lo que no quisimos hacer. Que nos tilden de cobardes, que sean condescendientes, que rían ladeando la boca; nuestra respuesta será la frágil calma de la incertidumbre, abocados a la búsqueda de un sitio donde estar tranquilos.

Nosotros amamos afuera del tarro.

"Adiós Mundo Cruel" de Enrique Guzmán es una de las canciones más bizarras que he escuchado. Hace un par de años que la estoy buscando y di con ella en esta hermosa tarde de protoverano. Disfruten.

!

Ceterquimobsershurenuí, Seternepanedoyorduí.

Ilviantdosiluanqueshevián, Trenepazanmilmusicián.

Anyurcetermoundrafole, sanfoayevuluídirpurcuá.

Mesilma acupelaparole, ilparletuyuravonmuá.

Esavuá, cubremavuáaaaaa…

PADAM, PADAM, PADAAAAAAAAM.

Un lindo y breve documental para entrar en el mundo de la batalla Karpov - Kasparov, la mayor de la historia de los deportes.

Django Reinhardt et le Quintette du Hot Club de France, Undecided 

Los Desgraciados, de César Vallejo


Ya va a venir el día; da
cuerda a tu brazo, búscate debajo
del colchón, vuelve a pararte
en tu cabeza, para andar derecho.

Ya va a venir el día, ponte el saco. 
Ya va a venir el día; ten
fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona
antes de meditar, pues es horrible
cuando le cae a uno la desgracia
y se le cae a uno a fondo el diente.

Necesitas comer, pero, me digo, 
no tengas pena, que no es de pobres
la pena, el sollozar junto a su tumba; 
remiéndate, recuerda, 
confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista
a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato. 
Ya va a venir el día, ponte el alma.

Ya va a venir el día; pasan, 
han abierto en el hotel un ojo, 
azotándolo, dándole con un espejo tuyo… 
¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente
y la nación reciente del estómago. 
Roncan aún… ¡Qué universo se lleva este ronquido! 
¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo! 
¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo! 
Ya va a venir el día, ponte el sueño.

Ya va a venir el día, repito
por el órgano oral de tu silencio
y urge tomar la izquierda con el hambre
y tomar la derecha con la sed; de todos modos, 
abstente de ser pobre con los ricos, 
atiza
tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima. 
Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.

Ya va a venir el día; 
la mañana, la mar, el meteoro, van
en pos de tu cansancio, con banderas, 
y, por tu orgullo clásico, las hienas
cuentan sus pasos al compás del asno, 
la panadera piensa en ti, 
el carnicero piensa en ti, palpando
el hacha en que están presos
el acero y el hierro y el metal; jamás olvides
que durante la misa no hay amigos. 
Ya va a venir el día, ponte el sol.

Ya viene el día; dobla
el aliento, triplica
tu bondad rencorosa y da codos al miedo, nexo y énfasis, 
pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo
el malo ¡ay! inmortal, 
has soñado esta noche que vivías
de nada y morías de todo…

El Mago de Riga

El Mago de Riga